16 de abril de 2019

¿Te lo tomas de manera personal?

 

¿Alguna vez te has visto reaccionar de manera negativa ante una crítica o una acción externa? ¿Te has sentido estallar o te has hundido ante un juicio o ante el comportamiento de alguien?

Tomarse las cosas de manera personal tiene mucho más que ver con nuestra forma de percibir y gestionar las situaciones que con lo que dicen o hacen los demás. Y, ¿qué puedo hacer para no tomármelo así?

 

Las consecuencias de tomarlo de manera personal

La manera como encajas lo que los otros dicen o hacen tiene un efecto directo en tu gestión emocional, afectando a las relaciones que tienes con los demás, pero sobre todo a la relación que mantienes contigo mismo/a. Es una forma de proceder auto-lesiva que menoscaba la seguridad que tienes en tus manifestaciones y acciones, limita y/o anula tu operatividad y puede acabar destrozando tu autoestima.

 

Qué haces cuando lo tomas de manera personal

Cuando alguien dice o hace algo y lo tomas de manera personal, te sitúas en el centro del universo de los demás. Diriges la atención hacia ti mismo/a, te aferras al victimismo y al drama, y no eres capaz de ponerte en el lugar del otro y buscar alternativas explicativas a lo que hace éste hace o dice.

 

La raíz de tomarlo de manera personal

Pero, ¿porqué se opta por este emplazamiento egocéntrico? ¿Qué lleva a aceptar esta interpretación del mundo tan tóxica?

Sin duda la etapa de edad más centrada en sí misma es la infantil, donde el infante se encuentra inmerso en un proceso de construcción de sí mismo, a través de su auto-descubrimiento y de la diferenciación de lo que le rodea. En esta etapa se generan heridas debidas a sustos, disgustos, frustraciones y rechazos vividos desde la soledad y la impotencia del/la niño/a que todavía no entiende o no tiene herramientas para asumir. Y eso genera una herida emocional que poco a poco va siendo interiorizada y que conscientemente es ignorada, pero no por eso sanada.

Lise Bourbeau (2014) compara estas heridas “del alma” con un corte profundo que se tapa con una tirita; el apósito tapa el corte, pero si alguien o algo toca esa zona se vuelve a sentir el profundo dolor de la herida. Es lo que sucede cuando te lo tomas personal, en realidad puede ser una tontería, pero es una tontería que lleva al inconsciente al momento de indefensión en que se generó la herida. Al centrarte en el objetivo o punto de mira del otro vuelves a sentir la impotencia, frustración y/o rechazo que sentiste de niño/a y no eres capaz de gestionarlo como adulto/a.

 

El aprendizaje de no tomarlo de manera personal

Para poder sanar esa herida, es importante que tomes distancia y te sitúes fuera de la ecuación. Tomar la distancia necesaria te permite observar y observar te permite aprender y adaptarte o decidir qué vas a hacer al respecto.

 

Cuando te sacas fuera de la ecuación puedes:

Cambiar o mejorar cosas de las que no eres consciente o que no has estado dispuesto/a a reconocer.

Puedes comprender necesidades subyacentes a lo que el otro dice/hace.

Ganas objetividad y tienes una visión más global de la situación.

Mejoras tus relaciones con los demás y contigo mismo/a.

Puedes decidir qué vas a hacer con esta situación y cómo vas a gestionarla.

Trabajas en la sanación de tus heridas y en tu desarrollo personal.

 

Herramientas para no tomarlo de manera personal

Deja de buscar la aprobación de los demás, no les des las riendas de tu vida.

Aprende a escuchar a tu cuerpo y sigue tu intuición. Observa qué sensaciones se desencadenan a nivel corporal ante las distintas situaciones. Aquellas que te hacen sentir mal no son buenas para ti. Aquellas que se sienten más ligeras y expansivas están directamente relacionadas con tu saber e intuición.

Deja de juzgarte.

¿Qué tal si te permites equivocarte, ser “el malo”, “la vaga”, “el quisquilloso” de vez en cuándo? ¿Qué relación mantienes con esas críticas? ¿Qué significado le das a esos juicios? Los puntos de vista que tienes sobre ciertos juicios están determinados en gran parte de manera externa a ti; son herederos de todas las creencias y valores de tus padres, de tus familiares, de tus amigos y de los convencionalismos de la época en la que te ha tocado vivir. Busca otras opciones: el cabezota es también determinado, el disperso es también un curioso del mundo, etc. Los puntos de vista o juicios que tienes sobre las cosas determinan en gran parte cómo actúas, sientes y piensas. Siendo más consciente de tus propios juicios te haces dueño/a de tus acciones y decisiones.

Pregúntate qué tiene que ver contigo.

Encontrar similitudes con otras situaciones previas en las que te lo has tomado de manera parecida te permite saber qué heridas o sensibilidades está tocando esta situación y, por tanto, tienes una mayor consciencia sobre el tema.

Quita el «me», el «conmigo» y el «contra mí» de tu lenguaje.

Hace poco me pasaron este video divertido de Tuti Furlán con una herramienta sencilla para tener una perspectiva diferente al “me ha hecho” o “me ha dicho”.

 

 

Solucionar para sanar

Y no olvides que tomar esta distancia con la situación y gestionar mejor lo que pasa en el presente, nos ayuda también a sanar las heridas del pasado.

Cristina Gabarre

Psicóloga

 

Referencias

Lise Bourbeau (2014). Las cinco heridas del alma que impiden ser uno mismo. Ob Stare: Tenerife.