15 de mayo de 2020

“NADA ES BUENO O MALO, DEPENDE PARA QUÉ”

 

 

 

“Nada es bueno o malo, depende para qué”

Ésta es una de las cosas que aprendí con mi padre, el Dr. Julián Gabarre, frase que repitió en sus clases una y otra vez cuando los alumnos preguntaban sobre un rasgo morfopsicológico. Y es que atender a este principio nos permite respetar la máxima con la que nos deberíamos regir los profesionales de este ámbito del conocimiento.

 

Entender que cada rasgo morfológico y por ende psicológico nos habla de dos caras de una misma realidad, nos permite tomar distancia y situarnos como meros observadores de las dinámicas individuales de manera objetiva y sin juicio alguno.

 

Obviamente esto no es sencillo, puesto que tanto los psicólogos, como los morfopsicólogos, somos humanos y, como a cualquier ser humano, se nos ha educado en el marco mental de un sistema de valores y creencias que con el tiempo hemos asumido como propios. Pero adherirnos a este precepto, viendo que nada es favorable o desfavorable por sí mismo, sino que depende tanto de la situación específica como del marco mental del propio observador, nos permite situarnos en un espacio más aséptico.

 

Por este mismo motivo no debemos castigarnos cuando sin querer caemos en el juicio, pues somos algo esclavos de años de adoctrinamiento por parte de nuestros padres, escuela, amigos, medios de comunicación, etc. Ya sea por comulgar con lo que nos enseñaron como por rechazarlo y rebelarnos. Nadie escapa de su entorno, puesto que es imposible vivir en este mundo sin afectarse de una forma u otra por él.

 

Cuando nos situamos como observadores imparciales aceptando que cada rasgo depende de las circunstancias del entorno pasado y actual, podemos acercarnos a la descripción más o menos objetiva de las personas que analizamos.

 

Hoy voy a empezar con el actual presidente de los Estados Unidos, Donald John Trump, no voy a hacer ningún análisis exhaustivo de su rostro, para ello podéis leer el estudio que incluye el libro “Psicología Facial – Carácter y Competencias” del Dr. Julián Gabarre. Aquí me voy a limitar a hacer un ejercicio de distanciamiento, con el cuál pretendo aportar claridad sobre los preceptos éticos de la Morfopsicología (Psicología Facial o Psicología Craneofacial), en el sentido que arriba he mencionado.

 

Centrémonos, por ejemplo, en la capacidad de adaptación del mencionado presidente.

 

Por un lado, podemos decir que es un hombre poco adaptable a las ideas del otro, mostrándose inflexible, rígido e intransigente a todo aquello diferente a su forma de pensar y ver las cosas. No da su brazo a torcer, es duro y tajante en sus planteamientos, que aplicará de manera autoritaria e impositiva. Cuando se le hable de algo que difiere de sus percepciones, se mostrará seco y cerrado, pues su capacidad de escucha en este caso es limitada.

 

Por otro lado, esa misma dinámica en la adaptación contribuyen a su personalidad con otras características que debemos tener en cuenta. Se asocia también a la claridad y a la transparencia en sus manifestaciones y, en sus réplicas, hay una baja probabilidad de estar afectadas por una larga planificación. Lo vemos venir porque se muestra tal y como es, sin importarle lo que los demás opinen y sin comulgar con los convencionalismos o las “normas sociales”. Estos aspectos dan soporte a un juicio autónomo y de mayor reserva ante cualquier estímulo externo, es decir, lo hará un hombre poco influenciable a lo ajeno. Asimismo, le aporta cierto vigor y audacia en sus decisiones, determinación y diligencia en la actuación.

 

Podemos hablar del cristal, como analogía de esta forma de adaptación; es transparente y puedes ver lo que hay detrás, pero no se adapta a lo externo. Ante la presión se mantiene firme, pero esa poca flexibilidad hace que acabe rompiéndose cuando el estímulo de fuera es suficientemente potente.

 

Entonces, ¿es “bueno” o “malo” ser una persona de adaptación rígida? Pues depende. Si el estímulo externo es beneficioso para nosotros esa rigidez no permitirá que el estímulo nos penetre y contribuya. Al contrario, si es un estímulo pernicioso estos rasgos pueden llegar a salvarnos la vida.

 

Todo es relativo y esto es lo que nos enseña esta maravillosa disciplina, dándonos una herramienta que, usada correctamente, nos permite situarnos en la posición del observador, en la comprensión y en la aceptación.